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Misericordia

La tercera dimensión de la vida de las Agustinas consiste en testimoniar su amor por Cristo sirviéndole en la persona de los pobres y los enfermos:«En la medida en la que ustedes lo hayan hecho a uno de los más pequeños de mis hermanos, es a mí que lo han hecho » (Mt 15, 40). Como Jesucristo, la Agustina debe también revelar a sus hermanos, la misericordiosa ternura de  Dios respecto a los pobres y los enfermos:«El  servicio a nuestros hermanos es la prolongación de la caridad de Cristo que ha manifestado que Dios es Amor» (Const .art 13).

Las Agustinas, según una tradición de la orden, unen a sus votos de castidad, de pobreza y de obediencia, el de servir a los pobres y los enfermos. Este voto expresa el lazo vital de la acción  apostólica de las Agustinas con la consagración de todo su ser a Dios.

Para ellas, este voto de servir a los pobres y a los enfermos, les permite continuar la acción de  Jesús sobre la tierra y les hace celebrar sin cesar la ternura misericordiosa de Dios por los hombres.

En este sentido, los actos misericordiosos se transforman en actos consagrados, su acción unida   a la de Jesús, trae al alma de aquellos a quienes ellas sirven, un fermento de redención y eleva hacia Dios una nueva expresión de alabanza (cf Const.art 44).

Con un corazón de pobre que sabe recibir y dar, la Agustina debe acoger a sus hermanos y hermanas sirviéndoles con afecto, segura de que Jesús recibe sus servicios como si éstos estuvieran dirigidos a su persona.

En un espíritu de misericordia, todos los miembros de la Orden participan en la misión apostólica  comprometiéndose con toda su vida y lo que ella conlleva de amor, de sufrimiento y de paz.
(Const.art.14).

« Nada tiene más amor que éste de dar su vida por sus amigos» (Jn 15, 13)